Por Miguel Ángel Contreras Mauss
Córdoba, Ver.-Con solo pasearse por sus vetustas estructuras, la Hacienda de San Francisco Toxpan es un lugar que se disfruta. Durante más de trescientos años sus paredes han sido testigos del devenir cordobés.
Entre sus arcadas y enormes espacios se escuchan todavía los murmullos de los tiempos de la bonanza azucarera, que transitaba paralela a la obscura y siniestra trata de la mano de obra esclava.
La región de Córdoba fue una de las zonas azucareras más importantes de la Nueva España desde por lo menos mediados del siglo XVII. Existían desde esta época alrededor de treinta trapiches o ingenios azucareros, además de casi doscientos ranchos dedicados a la producción de tabaco y café en los alrededores de Córdoba.
En 1690 se conformó por un cordobés la Hacienda de San Francisco Toxpan, que fue en su momento uno de los primeros ingenios azucareros del país y sin duda tuvo una gran importancia histórica en la entidad.
La exhacienda se ubica en la colonia Toxpan, que es el “Lugar de los conejos”, a escasos 15 minutos del Centro histórico, al norte del municipio.
En los últimos años, las viejas ruinas que albergaron el ingenio han sido remozadas parcialmente y cuidadosamente, entre sus amplios jardines se van descubriendo sus enormes y pesados sillares, sus columnas y arcos mudéjares, sus enormes patios habitados hoy por antiguas maquinarias que fueron en su tiempo los motores del ingenio, y más allá un portentoso chacuaco.
Del lado izquierdo de la nave principal de la hacienda, se descubre una de las viejas estructuras remozadas donde hoy habita el Centro Cultural con sus amplios salones de usos múltiples para eventos especiales, los espacios para los talleres de teatro, de acrobacia, de danza folclórica, de dibujo y pintura.
La ex Hacienda en Córdoba es un inmueble histórico que data de 1690 y su recuperación se logró con recursos que autoridades federales destinaron desde 2013 a través del Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE).
El casco fue donado en 1960 al Ayuntamiento, y se utilizó como oficinas y posteriormente como bodega de materiales de desecho de obra pública y tránsito. En julio de 2010 se inició su rescate y limpieza. Y ahora luce en su esplendor para el disfrute del público.
