*El vaivén de las olas mecen, de un lado a otro, la pequeña embarcación, mientras la brisa marina comienza a humedecernos el rostro
Édgar Escamilla
Cazones, Ver.- A escasos metros de la desembocadura del río Cazones se encuentra un pequeño islote que es escenario de múltiples leyendas que van desde lo sobrenatural, hasta historias que se remontan a la época en que los piratas rondaban las aguas del Golfo de México, es conocido como El Farallón y es un punto obligado para los visitantes.
La pequeña isla cuenta con una exuberante vegetación, lo que es aprovechado por las aves migratorias para descansar y hacer sus nidos. Los manglares alrededor de la zona son también un reservorio de vida de múltiples especies de peces, crustáceos y reptiles.
Desde que tiene uso de razón, don José Guerrero Alpirez ha escuchado las leyendas que se cuentan alrededor del peñasco. Recuerda que cuando era pequeño le contaban que cada 24 de diciembre aparecían los duendes en ese lugar, quienes apedreaban a todo aquel que intentaba acercarse.
De un jalón, Don José logra encender el motor de su lancha, que comienza a avanzar sobre las aguas del Cazones. El vaivén de las olas mecen, de un lado a otro, la pequeña embarcación, mientras la brisa marina comienza a humedecernos el rostro.
Conforme se acerca al Farallón desacelera la marcha para permitirnos fotografiar el islote. Se muestra orgulloso del atractivo natural de su comunidad, da una y dos vueltas alrededor de la peña por si se nos pasó algún detalle, después se acerca a la zona de manglares donde los cangrejos rojos sacuden su tenaza de un lado a otro, como si nos saludaran al pasar.
Don José es de los últimos lancheros que continúan prestando el servicio de paso al otro lado del río, desde el embarcadero en La Barra de Cazones. Todas las mañanas sale y prepara la pequeña embarcación, por si a alguien se le ofrece cruzar para ir a las playas que están al otro lado del afluente o para darles un recorrido por el río.
Cuenta que su abuelo solía platicar que en el islote hace muchos años se encontraba una corona de oro, la cual fue extraída por unos extranjeros, quienes se la llevaron para nunca más volver.
Las historias de que ahí existen tesoros escondidos se remontan a la época de los piratas, que luego de atacar los galeones españoles, huían a tierra para esconder los botines. Se cuenta que hasta este lugar llegaban para esconderse y, aunque no existen documentos que respalden los dichos, son parte de la leyenda de la comunidad que ha pasado de generación en generación.
Se dice también que hace muchos años existía un enorme túnel que salía desde el islote y lo comunicaba con la comunidad de Juan González, ubicada a más de 15 kilómetros hacia el norte, pero quedó destruido después de un sismo, por lo que nunca nadie más pudo utilizarlo.
La Barra de Cazones es una pequeña comunidad que, a pesar de sus atractivos turísticos, no ha logrado desarrollarse plenamente como un destino para los visitantes nacionales y extranjeros, por lo que su infraestructura es modesta, pero es eso mismo lo que le da un toque peculiar para quien gusta de los destinos de sol y playa, pero sin tanta afluencia como podrían tenerla otros lugares.